EL CERTAMEN: Inesperado debate ideológico en un programa de entretenimientos


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Un grupo de niños de entre siete y diez años aproximadamente realiza ante las cámaras una especie de coreografía. De pronto, el único varón del conjunto arremete, agrediendo (o simulando agredir) a las nenas, y éstas culminan la dramatización exhibiendo cartelitos que dicen: “Ni una menos”, “Vivas nos queremos”, “No es no”. Sergio Zuliani, conductor del programa “El Certamen”, emitido el domingo último por Canal doce, debe dar paso a los miembros del Jurado, que calificará la actuación de los concursantes. El tribunal está integrado por Claudio Orellano, un periodista muy notorio, pues fue relator de noticias de “Crónica TV”, Noelia, una cantante popular que en los noventa causó gran impacto, y Hernán Espinosa, un prestigioso director teatral de Córdoba, que ha puesto en escena, entre otras, obras sobre Eva Perón y Agustín Tosco.

Llega el momento de juzgar la presentación de los chicos, pertenecientes a la escuela de danzas “La Bayadera”, de Arroyito. Cada miembro del jurado debe calificar y hacer una “devolución”, que es algo así como un fundamento del voto. Cuando le toca el turno a Espinosa, éste exclama: “Estoy cansado de ver estas consignas, estoy saturado. Las veo en las propagandas, en los noticieros, en las novelas. Y tener que fumármelo ahora en un programa de entretenimientos como éste, y verlo con niñas, que no tienen ni idea de lo que están teniendo en sus manos, me parece totalmente desacertado. Las están contaminando, son muy chicas. Estoy harto del “Ni una menos”, del “No es no”, del “Algo habrán hecho”…

Claramente conmovido por la inesperada “devolución” de Espinosa, responde Zuliani: “Me sorprende, Hernán. Yo no soy miembro del Jurado, así que no tengo ni voz ni voto, pero me parece que el acierto fue buscar a niños y niñas. Para inculcar algo que quizás si las miles y miles de mujeres que han muerto bajo el yugo masculino lo hubieran tenido desde mucho más chiquitas, lo hubieran logrado…”

Espinosa: “Estoy seguro que desde sus casas me acompaña mucha gente en mi opinión”.

Zuliani: “No, esto no se trata de ver quién tiene más razón.”

Interviene en el debate el profesor que preparó el número de los niños, y dice: “Respeto la opinión de Hernán, pero yo no quise instaurar el feminismo. Venimos desde un pueblo chico donde esto no se habla; tenemos casos en la Academia donde las chicas lo están sufriendo y no lo cuentan.”

E(Espinosa): “Este es un programa de entretenimientos, no estamos haciendo terapia.”

Se escucha entonces a Noelia, que dice: “Yo, como mamá, lo vi al nene tan chiquito, pechando, peleando, como si fuera un hombre grande…”

Orellano: “Esta es una realidad, que nos cuesta entender”.

E: “Lo veo en todos lados, pero en un programa de entretenimientos no lo quiero ver. Me parece un despropósito.”

Z(Zuliani): “Esta es la edad para formar a los niños.”

E: “Y también para deformarlos.”

Z: “¿Cómo para deformarlos? Tu devolución es política.”

E: “Al contrario, ustedes están haciendo política. Lo que han presentado no es un acto artístico, sino un acto político.”

O(Orellano): “Hay temáticas que vivimos desde muy chicos. Lo que pasa es que antes había mucho patriarcado. No se abordaban estos temas. Soy hijo de padres separados… No jodamos… La violencia de género existió siempre; lo que pasa es que se tapaba todo; en la época de los militares, en la época de la represión se tapaba todo, y había mucho patriarcado.”

Z: “Y después también.”

El prestigioso conductor cierra el inesperado debate, que impactó en la habitual calma de una tarde de domingo en Córdoba. “Hemos dicho lo que pensamos, dentro del respeto por la opinión del otro. Ni descalificamos ni faltamos el respeto. Queremos entrar en una nueva Argentina con estas características.”

Hasta aquí la crónica, de la que se pueden extraer algunas conclusiones. La primera sería que el feminismo radicalizado, que hace algunos años desembarcó en estas playas, avanza con paso muy firme, pero a veces encuentra obstáculos inesperados de gente que, a pesar de todo, se anima a ofrecer resistencia. Uno de los que, hartos de tanto adoctrinamiento, se atrevió a poner el pecho, ha sido Hernán Espinosa. Su límite, aparentemente fue éste. Ver niñas muy pequeñas, y un niño tan pequeño como ellas, utilizados como meros instrumentos inocentes de una ideología autoritaria. El coraje de Hernán tiene el valor agregado de emanar de un hombre de izquierda, esa izquierda que, colonizada también por el feminismo, parece haber abandonado sus banderas tradicionales.

Otra reflexión que deja este episodio es que, sorprendido por estas reacciones, el nuevo establishment a veces es un tanto rudimentario para responder. Zuliani habla de las miles de mujeres “que han muerto bajo el yugo masculino.” Para él esas mujeres no han sido víctimas de asesinos, de psicópatas o de malvados, sino del “yugo masculino”, como si cuando un hombre mata a una mujer la mataran todos los hombres. Incluido ese niñito al que le dijeron que tenía que danzar empujando a las nenas. Y el conductor insinuó además que si las mujeres muertas “bajo el yugo masculino” hubieran tenido en sus manos los famosos cartelitos desde niñas, quizás hubieran evitado su muerte. Algo así como que faltó concientizarlas desde chiquitas sobre los peligros que representa el varón.

Orellano, otro representante del establishment, dice “que en la época de la represión, en la época de los militares, se tapaba todo, había mucho patriarcado.” El periodista avanza de esta manera con un argumento que las dirigentes feministas no habían expresado: Parece insinuar Orellano que el “patriarcado” fue una elaboración de los militares argentinos, o bien que esos militares se encargaron de potenciar a ese sujeto histórico.

*Daniel Gentile

Mira el momento del acalorado debate en El Certamen, por Canal 12


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